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Pepa villa - Apartamento en la Costa Brava, Parte (2)

Parte (2)

Книги на испанском от hispanoteca.ru Barcelona. Viernes, 1 de agosto. 12.00 h. Pepa sube en el taxi por el Paseo de Gracia19 . Está cansada y le duele la cabeza. Cuando sale con su amigo Raúl siempre pasa lo mismo: bares y más bares; copas y más copas. Solo ha dormido cuatro horas: se fue a dormir a las seis de la mañana y se ha levantado a las diez. Hace mucho calor. Pero tiene que trabajar. Primero recoge a una pareja de turistas franceses a los que lleva hasta el Camp Nou, el campo del Fútbol Club Barcelona. Para un momento en un bar a comprar una Coca-Cola. Después sube al taxi una señora elegante que va a la zona alta de la ciudad. A continuación lleva a tres chicas americanas a la playa de la Barceloneta. Bajando por Vía Layetana, la voz de la operadora suena a través de la emisora. −Un cliente pide el taxi con el número de licencia 2325 para el Hotel Arts. «Soy yo, es mi número de licencia», piensa Pepa. «¡Qué raro! La gente, cuando necesita un taxi, pide eso: un taxi. Pero cualquier taxi, no uno en concreto. ¡En fin!». Deja a las tres chicas en la playa y se dirige al hotel. El hombre alto, rubio, con coleta y una bolsa verde, el que recogió en Figueras, está esperando en la puerta del hotel. Se acerca a la ventanilla y le enseña la bolsa a Pepa. −Esta no es mi bolsa −dice directamente. −¿Cómo?− dice Pepa sin comprender. −¡Mi bolsa también es verde, pero no es esta!! !− El tipo está enfadado−. ¿Dónde está mi bolsa? −Tu bolsa es igual que esta, pero no es esta… ¿Es eso? −dice Pepa pensando en la bolsa de Raúl. −Eso es. −¿Qué hay en esta bolsa? −¡Porquerías! −El hombre está de mal de humor y vacía el contenido de la bolsa en el asiento de atrás del coche. Revistas, tabaco, un bañador, una camiseta, llaves, papeles, etc. Cosas de Raúl. −Oye, guapo: tranquilo. Yo no tengo la culpa. −Necesito mi bolsa y quiero saber dónde está. − En la Costa Brava, supongo. −¿Qué? Pepa le explica que su bolsa la tiene Raúl, un buen amigo que en estos momentos va en su coche tuneado20 por la AP-7 hacia Empuriabrava. −Llama a tu amigo. Necesito mi bolsa. Pepa marca el número del móvil de Raúl. Una vez. Dos. Tres veces. No lo coge. −¿No contesta? ¿Dónde está tu amigo? −No lo sé. Hoy se iba de vacaciones a la Costa Brava. −¿A la Costa Brava? La Costa Brava es muy grande. ¿A qué lugar de la Costa Brava? − A Empuriabrava, creo. −No sé dónde está Empuriabrava. ¿Tú sabes ir? −Sí, claro… −Pues vamos. −¡Eh, eh! Calma… Yo tengo trabajo aquí en Barcelona y no puedo. −¿Eres taxista, no? Yo te pago y tú me llevas. −Bueno… −a Pepa no le gusta el tono del hombre de la coleta, pero reconoce que tiene razón. Si quiere ir a Empuriabrava, ella lo lleva a Empuriabrava. −¡Vamos! Tengo prisa. Pepa mira el taxímetro, mueve la cabeza y se dirige hacia la autopista.

Empuriabrava.

Viernes, 1 de agosto.

12.00 h. Los abuelos de Nacho, el amigo de Raúl que tiene una Harley, entran en el apartamento 112 del edificio The sun of the beach, frente al mar de Empuriabrava. Su nieto les ha dado unas llaves junto con la dirección del apartamento escrita en un papelito y les ha dicho que pueden pasar el verano en la playa, mientras él está en Londres trabajando y aprendiendo inglés. Nacho tiene mala memoria y no recuerda que su amigo Raúl tiene también unas llaves del mismo apartamento. «Puedes ir cuando quieras», le ha dicho también a Raúl. Los abuelos de Nacho viven en una comarca del interior de Girona. Mercè21 , la abuela, es diabética y tiene muy mal la vista. Necesita inyectarse insulina dos veces al día y habla a gritos porque, Pepe, su marido, está sordo como una tapia 22 . Como mucha gente de su edad, viajan con una gran cantidad de medicamentos. −Nacho es muy buen chico −dice Mercè desde la cocina−. Se acuerda de sus abuelos. Este apartamento está muy bien. No tiene vistas al mar, pero… −No, ahora no me voy a bañar −dice Pepe, mirando el mar desde la puerta de la terraza del comedor. −Voy a guardar la insulina en la nevera −dice Mercè abriendo la puerta del horno. −No, no quiero comer ahora −dice Pepe al ver a su mujer en la cocina. −¿Comer? No tenemos comida −dice Mercè mirando el interior del horno−. Tenemos que ir a un restaurante. −¿Has comprado un bogavante? −Pepe abre la nevera−. ¿Dónde está el bogavante? −¿Qué bogavante? −Mercè tropieza con su marido−. ¿Qué haces aquí delante? −¡En la nevera no hay ningún bogavante! ¡Ni detrás ni delante!− dice Pepe. −¡Pues claro! Ya te he dicho que no hay comida. ¿Quieres comer bogavante? −¡No! −grita Pepe−. ¡No me gusta el bogavante! −No grites. A mí tampoco me gusta el bogavante. Pepe saca la insulina del horno y la guarda en la nevera, que está llena de comida. −Bueno, vamos −dice Pepe, cogiendo a su mujer del brazo−. Si quieres comer bogavante, vamos al restaurante. −¡Comer, comer! Solo piensas en comer, Pepe −dice Mercè−. Comes demasiado. Ayer compramos mucha comida y hoy no hay nada en la nevera. Comes cuando yo no te veo… Cogen el ascensor. −¡Coño23 , Mercè! Tú no me ves nunca. −De vez en cuando Pepe entiende algo de lo que dice su mujer. −Yo no veo bien, ya lo sé, pero tú estás cada día más gordo. −Yo solo estoy un poco sordo. −¡Y gordo! −Sí, sordo. −¡Gordo! ¡Gordo! ¡Gordo! −grita Mercè saliendo del ascensor. El vecino del apartamento 320, que pesa ciento veinte kilos y está esperando para subir a su piso, la mira sorprendido.

Empuriabrava.

Viernes, 1 de agosto.

17.00 h. Loli y Raúl llevan más de una hora perdidos por Empuriabrava. ¿Dónde está el apartamento? −Perdón− dice Raúl sacando la cabeza por la ventanilla del coche. El hombre al que se dirige es extranjero, como el noventa por ciento de la población de Empuriabrava− ¡Vaya, otro guiri! −le dice Raúl a Loli−. Excuse me. I'm looking for… −lee el nombre del edificio en el papel que le dio Nacho: «The sun of the beach»−. «¡Sanofabich!» −dice con una sonrisa, orgulloso de su inglés. El hombre mira a Raúl, con sus piercings y sus tatuajes, y se va sin decir nada, moviendo la cabeza. −Vamos a preguntar a otro −dice Loli. Se acercan a un hombre alto y rubio. −¡Please, mister! −dice Raúl−. I'm looking for… −se le olvida el nombre raro del edificio−. I…, you… «Sanofabich». −El hombre pone cara de sorpresa−. Do you understand me? −dice levantando la voz. Raúl, como mucha gente, piensa que a los extranjeros hay que hablarles alto−. «¡Sanofabich!». El hombre dice algo que Raúl no entiende y se va. Esta escena se repite cinco veces con el mismo resultado. −¡No te entienden! ¿No lo ves? No sabes inglés −dice Loli. −¡Claro que sé inglés! Lo que pasa es que estos guiris seguro que son franceses o italianos o… ¡Qué sé yo! Y este pueblo es todo igual: canales y más canales… −Tengo mucha sed y estoy cansada.

−Vamos a parar y a tomar algo en ese bar. Se sientan en la terraza de un bar. Piden dos cervezas y dos sándwiches de jamón y queso. Suena el móvil de Loli. −¡Pepa! ¿Qué tal? ¡Estamos en Empuriabrava! Pero estamos perdidos. Raúl no encuentra el apartamento de su amigo y… −Loli, por favor. Para. Quiero hablar con Raúl. Loli le da el móvil a su amigo. −Raúl −dice Pepa−, te he llamado un montón de veces. ¿Por qué no contestas? −¿Me has llamado a mí? −Raúl saca el móvil del bolsillo de su pantalón−. ¡Anda! Si está apagado…! ¿Qué quieres? ¿Dónde estás? −Estoy en la autopista. Voy hacia Empuriabrava… −¡Hostias24 , qué bien! ¿Vienes con nosotros de vacaciones? −Mira a Loli−. Pepa viene hacia aquí. −Sí, pero no. Voy con un cliente. ¿Llevas la bolsa verde de tela? −¿Qué? −Tu bolsa verde de tela, la que olvidaste en mi taxi. Anoche te la di, ¿recuerdas? −Sí… −¿La tienes ahí? −No. −¡No! ¿Y dónde está?

−No lo sé. Ni idea… ¿Cuándo llegas? Te esperamos tomando una cerveza y… −¿De verdad que no sabes dónde está tu bolsa? −No… ¿Por qué? −Porque… No importa. Luego te llamo. Nos vemos en Empuriabrava.


Parte (2)

Книги на испанском от hispanoteca.ru Barcelona. Viernes, 1 de agosto. 12.00 h. Pepa sube en el taxi por el Paseo de Gracia19 . Está cansada y le duele la cabeza. Cuando sale con su amigo Raúl siempre pasa lo mismo: bares y más bares; copas y más copas. Solo ha dormido cuatro horas: se fue a dormir a las seis de la mañana y se ha levantado a las diez. Hace mucho calor. Pero tiene que trabajar. Primero recoge a una pareja de turistas franceses a los que lleva hasta el Camp Nou, el campo del Fútbol Club Barcelona. Para un momento en un bar a comprar una Coca-Cola. Después sube al taxi una señora elegante que va a la zona alta de la ciudad. A continuación lleva a tres chicas americanas a la playa de la Barceloneta. Bajando por Vía Layetana, la voz de la operadora suena a través de la emisora. −Un cliente pide el taxi con el número de licencia 2325 para el Hotel Arts. «Soy yo, es mi número de licencia», piensa Pepa. «¡Qué raro! La gente, cuando necesita un taxi, pide eso: un taxi. Pero cualquier taxi, no uno en concreto. ¡En fin!». Deja a las tres chicas en la playa y se dirige al hotel. El hombre alto, rubio, con coleta y una bolsa verde, el que recogió en Figueras, está esperando en la puerta del hotel. Se acerca a la ventanilla y le enseña la bolsa a Pepa. −Esta no es mi bolsa −dice directamente. −¿Cómo?− dice Pepa sin comprender. −¡Mi bolsa también es verde, pero no es esta!! !− El tipo está enfadado−. ¿Dónde está mi bolsa? −Tu bolsa es igual que esta, pero no es esta… ¿Es eso? −dice Pepa pensando en la bolsa de Raúl. −Eso es. −¿Qué hay en esta bolsa? −¡Porquerías! −El hombre está de mal de humor y vacía el contenido de la bolsa en el asiento de atrás del coche. Revistas, tabaco, un bañador, una camiseta, llaves, papeles, etc. Cosas de Raúl. −Oye, guapo: tranquilo. Yo no tengo la culpa. −Necesito mi bolsa y quiero saber dónde está. − En la Costa Brava, supongo. −¿Qué? Pepa le explica que su bolsa la tiene Raúl, un buen amigo que en estos momentos va en su coche tuneado20 por la AP-7 hacia Empuriabrava. −Llama a tu amigo. Necesito mi bolsa. Pepa marca el número del móvil de Raúl. Una vez. Dos. Tres veces. No lo coge. −¿No contesta? ¿Dónde está tu amigo? −No lo sé. Hoy se iba de vacaciones a la Costa Brava. −¿A la Costa Brava? La Costa Brava es muy grande. ¿A qué lugar de la Costa Brava? − A Empuriabrava, creo. −No sé dónde está Empuriabrava. ¿Tú sabes ir? −Sí, claro… −Pues vamos. −¡Eh, eh! Calma… Yo tengo trabajo aquí en Barcelona y no puedo. −¿Eres taxista, no? Yo te pago y tú me llevas. −Bueno… −a Pepa no le gusta el tono del hombre de la coleta, pero reconoce que tiene razón. Si quiere ir a Empuriabrava, ella lo lleva a Empuriabrava. −¡Vamos! Tengo prisa. Pepa mira el taxímetro, mueve la cabeza y se dirige hacia la autopista.

Empuriabrava.

Viernes, 1 de agosto.

12.00 h. Los abuelos de Nacho, el amigo de Raúl que tiene una Harley, entran en el apartamento 112 del edificio The sun of the beach, frente al mar de Empuriabrava. Su nieto les ha dado unas llaves junto con la dirección del apartamento escrita en un papelito y les ha dicho que pueden pasar el verano en la playa, mientras él está en Londres trabajando y aprendiendo inglés. Sein Enkel hat ihnen Schlüssel und die auf einem Zettel geschriebene Adresse der Wohnung gegeben und ihnen gesagt, dass sie den Sommer am Strand verbringen können, während er in London arbeitet und Englisch lernt. Nacho tiene mala memoria y no recuerda que su amigo Raúl tiene también unas llaves del mismo apartamento. Nacho hat ein schlechtes Gedächtnis und erinnert sich nicht daran, dass sein Freund Raúl auch einige Schlüssel zu derselben Wohnung hat. «Puedes ir cuando quieras», le ha dicho también a Raúl. „Du kannst gehen, wann immer du willst“, hat er auch zu Raúl gesagt. Los abuelos de Nacho viven en una comarca del interior de Girona. Nachos Großeltern leben in einer Region im Landesinneren von Girona. Mercè21 , la abuela, es diabética y tiene muy mal la vista. Necesita inyectarse insulina dos veces al día y habla a gritos porque, Pepe, su marido, está sordo como una tapia 22 . Sie muss sich zweimal täglich Insulin spritzen und redet laut, weil Pepe, ihr Mann, gehörlos ist 22 . Como mucha gente de su edad, viajan con una gran cantidad de medicamentos. Wie viele Menschen in ihrem Alter reisen sie mit einer großen Menge an Medikamenten. −Nacho es muy buen chico −dice Mercè desde la cocina−. −Nacho ist ein sehr braver Junge −sagt Mercè aus der Küche−. Se acuerda de sus abuelos. Er erinnert sich an seine Großeltern. Este apartamento está muy bien. No tiene vistas al mar, pero… −No, ahora no me voy a bañar −dice Pepe, mirando el mar desde la puerta de la terraza del comedor. Es hat keinen Blick aufs Meer, aber ... "Nein, ich gehe jetzt nicht schwimmen", sagt Pepe und blickt von der Tür zur Terrasse des Esszimmers aufs Meer. −Voy a guardar la insulina en la nevera −dice Mercè abriendo la puerta del horno. −No, no quiero comer ahora −dice Pepe al ver a su mujer en la cocina. −Nein, ich will jetzt nichts essen −sagt Pepe, als er seine Frau in der Küche sieht. −¿Comer? No tenemos comida −dice Mercè mirando el interior del horno−. Wir haben nichts zu essen − sagt Mercè und schaut in den Ofen −. Tenemos que ir a un restaurante. Wir müssen in ein Restaurant gehen. −¿Has comprado un bogavante? −Pepe abre la nevera−. ¿Dónde está el bogavante? −¿Qué bogavante? −Mercè tropieza con su marido−. ¿Qué haces aquí delante? Was machst du hier oben? −¡En la nevera no hay ningún bogavante! ¡Ni detrás ni delante!− dice Pepe. Weder hinten noch vorne! – sagt Pepe. −¡Pues claro! −Natürlich! Ya te he dicho que no hay comida. Ich habe dir schon gesagt, dass es kein Essen gibt. ¿Quieres comer bogavante? Willst du Hummer essen? −¡No! −grita Pepe−. ¡No me gusta el bogavante! −No grites. A mí tampoco me gusta el bogavante. Hummer mag ich auch nicht. Pepe saca la insulina del horno y la guarda en la nevera, que está llena de comida. Pepe holt das Insulin aus dem Ofen und stellt es in den Kühlschrank, der voller Lebensmittel ist. −Bueno, vamos −dice Pepe, cogiendo a su mujer del brazo−. Si quieres comer bogavante, vamos al restaurante. Wenn du Hummer essen willst, gehen wir ins Restaurant. −¡Comer, comer! -Essen Essen! Solo piensas en comer, Pepe −dice Mercè−. Du denkst nur ans Essen, Pepe −sagt Mercè−. Comes demasiado. Ayer compramos mucha comida y hoy no hay nada en la nevera. Gestern haben wir viele Lebensmittel eingekauft und heute ist nichts mehr im Kühlschrank. Comes cuando yo no te veo… Cogen el ascensor. Du isst, wenn ich dich nicht sehe … Sie nehmen den Aufzug. −¡Coño23 , Mercè! Tú no me ves nunca. Du siehst mich nie. −De vez en cuando Pepe entiende algo de lo que dice su mujer. − Ab und zu versteht Pepe etwas von dem, was seine Frau sagt. −Yo no veo bien, ya lo sé, pero tú estás cada día más gordo. − Ich sehe schlecht, ich weiß, aber du wirst jeden Tag dicker. −Yo solo estoy un poco sordo. „Ich bin nur ein bisschen taub. −¡Y gordo! −Sí, sordo. −¡Gordo! ¡Gordo! ¡Gordo! −grita Mercè saliendo del ascensor. − Mercé schreit aus dem Fahrstuhl. El vecino del apartamento 320, que pesa ciento veinte kilos y está esperando para subir a su piso, la mira sorprendido. Der Nachbar von Wohnung 320, der dreihundertzwanzig Kilo wiegt und darauf wartet, in seine Wohnung hinaufzugehen, sieht sie verwundert an.

Empuriabrava.

Viernes, 1 de agosto.

17.00 h. Loli y Raúl llevan más de una hora perdidos por Empuriabrava. ¿Dónde está el apartamento? −Perdón− dice Raúl sacando la cabeza por la ventanilla del coche. El hombre al que se dirige es extranjero, como el noventa por ciento de la población de Empuriabrava− ¡Vaya, otro guiri! −le dice Raúl a Loli−. Excuse me. I'm looking for… −lee el nombre del edificio en el papel que le dio Nacho: «The sun of the beach»−. «¡Sanofabich!» −dice con una sonrisa, orgulloso de su inglés. El hombre mira a Raúl, con sus piercings y sus tatuajes, y se va sin decir nada, moviendo la cabeza. Der Mann sieht Raúl mit seinen Piercings und Tattoos an und geht, ohne etwas zu sagen, kopfschüttelnd. −Vamos a preguntar a otro −dice Loli. Se acercan a un hombre alto y rubio. −¡Please, mister! −dice Raúl−. I'm looking for… −se le olvida el nombre raro del edificio−. Ich suche … −er vergisst den seltsamen Namen des Gebäudes−. I…, you… «Sanofabich». −El hombre pone cara de sorpresa−. Der Mann macht ein überraschtes Gesicht. Do you understand me? −dice levantando la voz. Sagt er mit erhobener Stimme. Raúl, como mucha gente, piensa que a los extranjeros hay que hablarles alto−. Raúl denkt, wie viele Menschen, dass man Ausländer ansprechen muss. «¡Sanofabich!». El hombre dice algo que Raúl no entiende y se va. Der Mann sagt etwas, was Raúl nicht versteht und geht. Esta escena se repite cinco veces con el mismo resultado. −¡No te entienden! ¿No lo ves? Kannst du es nicht sehen? No sabes inglés −dice Loli. Du kannst kein Englisch - sagt Loli. −¡Claro que sé inglés! Lo que pasa es que estos guiris seguro que son franceses o italianos o… ¡Qué sé yo! Was passiert ist, dass diese Ausländer mit Sicherheit Franzosen oder Italiener oder … Was weiß ich schon! Y este pueblo es todo igual: canales y más canales… −Tengo mucha sed y estoy cansada.

−Vamos a parar y a tomar algo en ese bar. "Lass uns anhalten und in dieser Bar etwas trinken." Se sientan en la terraza de un bar. Piden dos cervezas y dos sándwiches de jamón y queso. Suena el móvil de Loli. −¡Pepa! ¿Qué tal? ¡Estamos en Empuriabrava! Pero estamos perdidos. Raúl no encuentra el apartamento de su amigo y… −Loli, por favor. Para. Quiero hablar con Raúl. Loli le da el móvil a su amigo. −Raúl −dice Pepa−, te he llamado un montón de veces. −Raúl −sagt Pepa−, ich habe dich oft angerufen. ¿Por qué no contestas? −¿Me has llamado a mí? -Hast du mich angerufen? −Raúl saca el móvil del bolsillo de su pantalón−. −Raúl holt das Handy aus seiner Hosentasche−. ¡Anda! Si está apagado…! ¿Qué quieres? Was willst du? ¿Dónde estás? −Estoy en la autopista. Voy hacia Empuriabrava… −¡Hostias24 , qué bien! ¿Vienes con nosotros de vacaciones? Kommst du mit uns in den Urlaub? −Mira a Loli−. Pepa viene hacia aquí. −Sí, pero no. Voy con un cliente. ¿Llevas la bolsa verde de tela? −¿Qué? −Tu bolsa verde de tela, la que olvidaste en mi taxi. − Deine grüne Stofftasche, die du in meinem Taxi vergessen hast. Anoche te la di, ¿recuerdas? −Sí… −¿La tienes ahí? −No. −¡No! ¿Y dónde está?

−No lo sé. Ni idea… ¿Cuándo llegas? Keine Ahnung… Wann kommst du? Te esperamos tomando una cerveza y… −¿De verdad que no sabes dónde está tu bolsa? Wir warten mit einem Bier auf dich und… „Weißt du wirklich nicht, wo deine Tasche ist?“ −No… ¿Por qué? −Porque… No importa. Luego te llamo. Ich rufe dich später an. Nos vemos en Empuriabrava.