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El sueno de Jorge (Graded Reader), Capítulo 4. Una ciudad llena de arte

Capítulo 4. Una ciudad llena de arte

Desde el Paseo de Gracia regresamos a Plaza de Cataluña y vamos hacia el Barrio Gótico, el barrio medieval de la ciudad. Bajamos por una calle muy grande y peatonal, el Portal del Ángel.

Desde allí, entramos en una calle estrecha y nos detenemos delante de una cafetería muy curiosa.

—¿Te apetece hacer una pausa? ¿Tomamos un café? —me dice.

—¿Aquí? ¿Este lugar es una cafetería para todo el mundo? —me sorprendo porque el lugar es muy bonito y especial.

—Jajaja —ríe ella—, ¡claro que sí! Es el café Els Quatre Gats, ¡otro edificio modernista!

—¡Me parece una idea excelente!

Nos sentamos ante una mesita; la decoración es espectacular, con baldosas de colores, cuadros y muchas fotografías.

—Durante el modernismo este el lugar de reunión de los artistas. ¿Sabes quién es Picasso?

—Sí, a él sí lo conozco, le gusta mucho a mi madre.

—Pues aquí es donde hace su primera muestra de arte —me explica—. ¿Y quieres saber algo?

—¡Todo! —digo muy feliz de estar con Berta.

—El propietario en 1896 es un gran amante y promotor del deporte en Barcelona.

—¿En serio? —digo sorprendido.

—Claro, el deporte y el arte pueden ser muy amigos, ¡como nosotros! —dice Berta, y yo me pongo rojo otra vez.

Después del café seguimos con la visita del Gótico y llegamos a la Plaza Real. Es un lugar muy bonito y soleado.

—Años atrás, en esta plaza viven muchas familias con dinero, pero ahora es un lugar de paseo y diversión, con muchos bares, restaurantes y locales donde escuchar conciertos.

—¡Es muy bonita! Y con mucho sol, muchas palmeras, ¡es una plaza muy alegre!

—¿Ves esas farolas? También son un diseño de Gaudí.

—Vaya, es verdad: el arte está en todas partes.

Cada calle, cada edificio, cada pequeña cosa es para mí una sorpresa. Y entre sorpresa y sorpresa llegamos al CCCB, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

Estamos en el patio del museo y Berta señala hacia los cristales del edificio, en la parte alta y me dice:

—¿Qué ves allí?

—Cristales, ¿no?

—¿Qué más? ¿Qué hay en ellos?

Miro un poco mejor y veo algo increíble: en los cristales se refleja el mar. Allí está el mar, a lo lejos y tan cerca.

—¿Lo ves? Eso también es arte. El arte está en todas partes.

Esta frase se queda grabada en mi cabeza.

Caminamos toda la mañana y paramos a comer en el Mercado de la Boquería, también modernista.

Allí hay todo tipo de comida: frutas de mil colores, carnes, pescado fresco, verdura, zumos… Y también hay unos pequeños bares y restaurantes; allí se puede comer y ver al mismo tiempo el alegre movimiento del mercado.

—¿Te gusta la ciudad, de momento? —me pregunta Berta.

—Mucho, todo lo que veo es fantástico.

Entonces, no todo en la vida es fútbol, ¿verdad? —dice con una sonrisa.

—No, no todo en la vida es fútbol —contesto—. Vivo muy centrado en el fútbol, es muy importante para mí. Siempre me digo “Jorge, no pienses en nada más, para ser el mejor solo puedes pensar en el fútbol”, pero ahora veo que no es así. Venir a vivir a Barcelona es una gran experiencia para mí. Yo vengo de una ciudad pequeña y de una gran familia, muy protectora. No sé moverme solo, todo me asusta, pero el fútbol no. Con el fútbol me siento seguro.

Berta me mira a los ojos; ahora no sonríe, pero su mirada brilla mucho.

—Eres muy valiente por contarme esas cosas, puedes confiar en mí —en ese momento me toma la mano, me pongo muy nervioso y tiro todo el zumo de fruta en mis pantalones.

Los dos nos reímos y seguimos nuestro paseo.

La siguiente visita es la famosa Rambla, una calle muy larga con árboles a los lados y gente por todas partes.

También hay muchos artistas: pintores, músicos y mimos, esculturas vivientes. Berta me mira y abre la boca para decirme algo, pero yo lo digo antes:

—Todo esto también es arte, lo sé, ¡arte por todas partes! —levanto mis brazos hacia el cielo y doy vueltas, Berta se ríe divertida.

En una calle cerca de la Rambla está el Museo de la Cera, entramos a visitarlo y nos divertimos mucho. Hay estatuas de cera de grandes personajes, también de Leo Messi, mi gran héroe.

—Algún día seré como Messi —le digo a Berta.

—Estoy segura —me contesta ella.

Al lado del Museo hay un lugar muy mágico, es una cafetería, se llama El Bosc de les Fades. Todo allí tiene el aspecto de un bosque encantado. Entramos para descansar un poco y tomar un refresco.

Voy al servicio y cuando regreso veo a Berta con cara preocupada y el teléfono en la mano.

—¿Qué pasa? —le pregunto.

—No es grave, pero mi abuela me necesita — me dice—. Está en el médico, no se siente bien.

—Lo siento mucho, Berta.

—No pasa nada, no es grave, pero es mayor y no quiero dejarla sola. Mis padres están fuera de Barcelona hoy y no pueden ir.

—De acuerdo—. La verdad, estoy muy preocupado, ¿qué hago yo ahora solo en medio de la ciudad?

—Mira, no tardo más de tres horas. ¿Nos vemos a las 20 en la Fuente Mágica de Montjuïc?

—Pero, ¿cómo voy hasta allí? —contesto.

—¡Es muy fácil! —dice ella—. Te dejo este mapa, aquí te dibujo cómo llegar. También te dejo estas notas con los lugares cercanos que puedes visitar: el barrio del Borne, la Catedral de Santa María del Mar, el Arco de Triunfo, el Parque de la Ciutadella…

—Pero…

—Jorge, yo tengo confianza en ti ¿y tú? —me dice. Toma su bolso y me da un beso en la mejilla.

Yo siento mi corazón muy fuerte y quiero estar con ella para siempre. Pero ella se va. Esta chica me gusta mucho y no quiero perderla.

Y yo estoy solo en la gran ciudad.

Lo primero que siento es una pelota negra dentro de mi corazón. No es una pelota de fútbol, es algo diferente: se llama miedo. Pero no quiero tenerla ahí dentro, yo soy un chico de 17 años y puedo ser valiente. ¡Puedo salir a la calle y caminar yo solo por mi nueva ciudad!

Y eso hago, salgo de la cafetería y camino por las calles con el mapa de Berta; no siempre lo entiendo, pero pregunto a las personas y siempre me ayudan:

—Perdone señora; estoy un poco perdido ¿cómo puedo ir al barrio del Borne?

—Vamos a ver, chico, tienes que cruzar esa calle grande, la Via Laietana y bajar por aquella calle peatonal, la Calle de la Argentería.

—Muchas gracias, es usted muy amable.

—¡De nada, joven!

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