Después de leer aquella confesión, Álvaro decidió que ya era momento de dar el siguiente paso, por miedo o no. Escribió una nota proponiendo por primera vez un encuentro real el sábado siguiente a las cinco de la tarde en el mismo banco donde tantas veces habían estado, sin saberlo, tan cerca el uno del otro. Añadió una frase que a Marina, al leerla unos días después, le pareció la más bonita de todo el intercambio: «No sé cómo eres, pero ya sé, de alguna manera extraña, que quiero conocerte de verdad, más allá de las páginas de estos libros».