Lo cierto era que Álvaro había tenido que viajar de repente por motivos de trabajo a otra ciudad, sin ninguna posibilidad de pasar por el parque durante unas cuantas semanas. Cuando por fin regresó, corrió casi literalmente hacia el armario de libros con una nota mucho más larga que las anteriores, preparada de antemano. En ella explicaba su ausencia, se disculpaba por la preocupación que quizás había causado y confesaba, con más valentía que nunca, que durante el viaje no había dejado de pensar en las notas, en las preguntas y en la persona detrás de aquella simple letra M.