Durante los días siguientes, la casa siguió moviéndose cada noche, siempre unos kilómetros más allá del lugar anterior. Una mañana aparecieron cerca de unas montañas altas. Otra mañana aparecieron junto a un campo enorme de girasoles. Cada nuevo lugar traía consigo vecinos distintos y curiosos que se sorprendían al ver una casa entera aparecer de la nada en mitad de su paisaje.
La familia empezó a hacer las maletas cada noche sin saber muy bien dónde iban a despertarse al día siguiente.