Aquel pequeño incidente del ejercicio oral no bastó para que Elena abandonara su cuaderno secreto. Al contrario, la asustó lo suficiente como para llevarlo siempre encima, sin volver a arriesgarse a quedarse sin palabras bonitas cuando las necesitara. Poco después, el colegio anunció un concurso de relatos cortos abierto a todos los estudiantes y Elena, por supuesto, decidió participar. En lugar de una idea propia, revisó su cuaderno de arriba a abajo y construyó un relato entero combinando frases y descripciones que había ido guardando durante meses, convencida de que aquella técnica nunca le había fallado hasta entonces