Esa misma noche, Clara y Leo salieron a buscar los tres ingredientes. Primero fueron al jardín de casa de Clara. Allí encontraron una gota de rocío perfecta sobre una hoja grande, justo antes del amanecer. Después, en el bosque cercano, buscaron durante horas hasta encontrar una pluma caída de un búho.
El viento soplaba fuerte y la oscuridad hacía todo más difícil. Clara tenía miedo de perderse entre los árboles, pero siguió adelante. Pensaba en Leo y en su deseo de volver a ser normal.