Decidieron entrar en el túnel al día siguiente, con más luz y más tiempo. Caminaron durante varios minutos por un pasillo húmedo y estrecho, hasta llegar a una pequeña cueva junto al mar. Allí, para su sorpresa, encontraron mantas, comida y una lámpara todavía encendida. Alguien vivía en aquel lugar, escondido, desde hacía tiempo.
Sofía sintió que el corazón se le paraba un segundo. Entendió que la persona que entraba en la casa por las noches no era un ladrón cualquiera. Era alguien que conocía perfectamente cada rincón de aquella casa y de su historia familiar.