Decidido a obtener respuestas claras, Tomás esperó pacientemente hasta la siguiente noche de escarcha intensa. Estaba convencido de que el invierno volvería a aparecer tal como lo había hecho la primera vez. Efectivamente, la entidad se materializó de nuevo entre las sombras del jardín. Tomás, sin rodeos, le preguntó directamente si existía alguna relación entre el pacto que habían realizado y el frío que ahora amenazaba con destruir las cosechas de todo el pueblo.
Exigió una explicación honesta antes de permitir que la situación empeorara todavía más para sus vecinos.