HOMBRES
-Hola, amor. -Hola.
¿Cómo estás? ¿Todo bien?
¿Quieres salir a cenar?
Leo, ¿no me notas nada diferente?
Ay, Dios.
¿Te pintaste los labios?
Leonardo, me rapé.
¿No estabas así desde antes?
Leo, soy testigo de Jehová, mi pelo llegaba hasta el piso,
-pero tú nunca me miras. -Amor, perdóname.
Estoy muy cansado últimamente.
Leo, ¿eres idiota?
O sea, esa no soy yo.
Es una actriz que contraté.
Pero, de verdad, nunca me pelas.
Se parecen mucho, amor.
Bueno, a ver, ¿qué me ves diferente?
¿Te rapaste?
¡No mames!
-Yo no soy tu esposa. -¿Qué?
¡Yo soy tu esposa, imbécil! ¡Ella es tu prima, me das asco!
No, sí me di cuenta porque ella es un poquito más chaparra.
Carajo, Leo, ella no es tu esposa, ella es una muñeca inflable,
con un ventrílocuo detrás.
Nunca me miras.
Perdóname, es el trabajo. Me tiene loco.
¿Quién soy, Leo? ¿Quién soy?
No sé.
¡Soy tu esposa, carajo! ¡Leo, soy tu esposa!
-Sí, claro. Por supuesto. -No mames, pinche Leo. Somos gays.
Yo soy tu esposo.
Claro, sí, gordo.
Ni me vayas a tocar.
-Hoy duermes en el sofá. -No, gordo.
¿Con ellas?
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También sale mi gordo.
Te amo, mi amor.
Yo te amo más.