Irene vive en un piso compartido en Valencia con Óscar, Julia y Toni. Desde que llegó, alguien se come sus yogures de fresa por la noche y todavía no sabe quién es. Una noche, Irene decidió no dormir. Se quedó en su habitación con la puerta un poco abierta y la luz apagada.
Esperó y esperó. A las tres de la mañana oyó unos pasos en el pasillo. Irene salió muy despacio. En la cocina, la nevera estaba abierta.
Delante de la nevera estaba Toni, en pijama. Tenía un yogur de fresa en una mano y una cuchara en la otra. "Toni", dijo Irene. Toni no contestó.
Se comió el yogur muy tranquilo, tiró el envase a la basura y volvió a su habitación. Tenía los ojos abiertos, pero no la miraba. Irene entendió por fin: Toni era sonámbulo. Al día siguiente, en el desayuno, se lo contó a todos.
Toni no se lo podía creer. No recordaba nada. Estaba muy avergonzado. "Lo siento, te los pago todos." Irene se rió.
Esa misma tarde compró ocho yogures, cuatro para ella y cuatro para el Toni de las tres de la mañana.