Cuando doña Rosa se miró en el espejo, vio la cara del alcalde del pueblo en lugar de su propia cara. Sin embargo, algo en su expresión cambió de repente. Doña Rosa reconoció aquel espejo como el que había tenido hacía muchísimos años en su propia casa, antes de venderlo a la tienda de antigüedades. Doña Rosa entendió en ese momento que ella misma había sido la última persona en mirarse en aquel espejo décadas atrás, mucho antes que Ramón