A partir de ese día, Hugo empezó a practicar pequeños actos de valentía cada semana, sin depender de ningún objeto especial. Hablar en clase, probar juegos nuevos, defender a alguien con respeto, eran cosas que hacía cada semana. Algunas veces le seguía temblando la voz, pero al cabo de un tiempo aprendió que sentir miedo y actuar de todas formas era mucho más valioso que no sentir miedo en absoluto