Con el tiempo, la abuela de Sofía volvió a dormir bien por las noches y de nuevo empezó a contar pequeños sueños durante el desayuno, como solía hacer antes de todo lo ocurrido. Sofía la escuchaba con mucha atención, feliz de comprobar que su abuela mejoraba de verdad. Esta vez, gracias al tiempo compartido y no a ninguna magia robada.