Los fines de semana siguientes, Sofía empezó a pasar más tiempo con su abuela, sin pensar en sueños ni en magia. Juntas cocinaban recetas antiguas, regaban las plantas del jardín y escuchaban música de cuando la abuela era joven. A Sofía le gustaba preguntarle a su abuela cosas de su juventud. Poco a poco, sin ningún atrapasueños de por medio, la abuela empezó a hablar más y a recordar anécdotas con una sonrisa cada vez más frecuente