Esa noche, completamente desesperada, Sofía se dio cuenta de que necesitaba ayuda de verdad para arreglar lo que había hecho. Pensó en su abuela, en Carla y en todas las personas del barrio que llevaban semanas sin soñar bien. Sofía era buena persona y por eso decidió que al día siguiente iría a buscar a Carla otra vez, dispuesta a pedirle perdón sinceramente y a preguntarle qué podía hacer para devolver todo a la normalidad