Al final de la semana, Mateo ya se había comido varios libros enteros. Sabía datos de historia, ciencia y geografía que ningún compañero de su edad conocía. Se miró en el espejo y sonrió, pensando que con ese poder iba a ser el mejor de la clase sin ningún esfuerzo. Sin darse cuenta, poco a poco empezaba a mirar a los demás con superioridad.
Su gran aventura acababa de comenzar, aunque todavía no sabía a dónde lo iba a llevar.