Cuando finalmente se acercó la fecha del primer plazo, el nivel del río comenzó a descender de forma gradual pero perceptible. Era como una advertencia silenciosa de que el momento de cumplir con la profecía estaba próximo. Nadia, recordando las palabras exactas del espíritu, comprendió que debía entregar algo de verdadero valor sentimental. Debía hacerlo antes de que la situación empeorara y el pueblo volviera a sufrir las consecuencias devastadoras de la sequía.
Ella misma había logrado evitar esto años atrás mediante aquel pacto tan cuidadosamente negociado.