La profecía del río sin nombre. Desde hacía generaciones, el pueblo situado junto al río sin nombre sufría sequías recurrentes. Estas sequías amenazaban periódicamente la supervivencia de sus habitantes. Los obligaban a racionar el agua durante los meses más críticos del verano.
Según una antigua leyenda transmitida de padres a hijos, en las profundidades del río habitaba un espíritu ancestral. Este espíritu era capaz de conceder un único deseo por generación. Sin embargo, siempre estaba acompañado de una profecía cuyo significado exacto solo se revelaba con el paso del tiempo. Nadia, una joven decidida y observadora, había crecido escuchando aquella historia sin darle demasiada importancia.
Todo cambió cuando una sequía especialmente severa puso en grave peligro la salud de toda su familia.