Esa tarde, por la mañana, Carmen se preparó para ir a la sala. Se puso el abrigo beige, cogió el bolso pequeño y, como siempre, se puso el sombrero rojo delante del espejo. Salió de casa a las cinco de la tarde. Caminó despacio hacia la calle Bordadores.
Cuando llegó al portal del edificio, buscó la llave en el bolso. Buscó en el bolsillo interior. Buscó en el bolsillo exterior. La llave no estaba.
Carmen cerró los ojos un momento. Luego dio media vuelta y fue hacia el café moderno.