El mercado Sol estaba a cinco minutos a pie del apartamento. Era un supermercado de barrio, no muy grande. Pero Lucas lo prefería a las grandes superficies porque conocía a casi todos los empleados. Sabía exactamente dónde estaba cada producto.
Como había imaginado, a esa hora había bastante gente. Mientras cogía una cesta, escuchó a un niño pequeño que le pedía galletas a su madre con mucha insistencia. La madre le dijo que no con una paciencia admirable. Lucas pensó que necesitaría esa misma paciencia para terminar su cuento.