Cuando devolvió a Nemo a la pecera, observó atentamente su reacción. Durante los primeros minutos, el pez nadó de forma cautelosa. Parecía estar explorando un territorio desconocido. Poco a poco, empezó a recorrer todos los rincones.
Laura sonrió; le gustaba imaginar que estaba inspeccionando su nuevo hogar. Durante los siguientes días, continuó observándolo. Aunque sabía que probablemente estaba proyectando emociones humanas sobre un pez, tenía la impresión de que Nemo parecía más activo. Quizás era solo su imaginación, o quizás no.
En cualquier caso, la experiencia le recordó algo importante. A veces dedicamos tiempo y esfuerzo a mejorar la vida de quienes nos rodean sin esperar nada a cambio. Esa satisfacción suele ser una recompensa suficiente.