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Radio Ambulante, Deuda (2) – Text to read

Radio Ambulante, Deuda (2)

Intermédiaire 2 d'espagnol lesson to practice reading

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Deuda (2)

Muchas veces no se daba abasto y había gente que se quedaba afuera porque realmente querían comprarlo y ya se habían acabado.

Luis: Y aquí hay que aclarar que muchas veces los puertorriqueños eran los primeros de la fila para comprar estos bonos. Comenzando en los años noventa, la gente de la isla le ha apostado en grande al gobierno y ha puesto una buena parte de sus ahorros ahí. Jorge Irizarry, el exdirector del banco del gobierno, me dio esta cifra en dólares que me sorprendió:

Jorge: 30 mil millones son bonos de Puerto Rico adquiridos por los puertorriqueños.

Daniel: Eso es mucha plata. Mucha. ¿Y quién invertía eso?

Luis: Pues, ese es uno de los grandes problemas de esta historia. Porque los inversionistas no eran millonarios, Daniel. Bueno, había algunas personas que sí tenían fortunas considerables. Pero mucha de la clase media puertorriqueña le entró a este juego de comprar bonos del gobierno. Doctores, abogados, ingenieros… Personas como Teresa.

Teresa: Una vez me retiré, mis ahorros los invertí en bonos de Puerto Rico, pensando de que era una inversión segura.

Luis: La inversión de Teresa va a ser mucho más importante un poco más adelante en esta historia. Pero por ahora hay que decir que la onda de los bonos se puso tan y tan de moda que mucha gente que lograba ahorrar un poco de dinero pues intentaba comprarlos.

Mientras investigaba este tema me topé con la historia de Edwin Batista. En los años noventa, cuando apenas tenía 20 años, comenzó a invertir, y no eran sumas gigantescas. El chico era un universitario que trabajaba cocinando hamburguesas en McDonalds. Edwin Batista fue uno de los que comenzó con casi nada, invirtiendo lo poco que ganaba en su trabajo.

Edwin Batista: Un día yo logré ahorrar mis primeros tres mil dólares. Con todo, porque yo caminaba “como los codos”, como dicen en el país.

Daniel: ¿Como los codos?

Luis: Pues acá así es como se le dice a la gente tacaña. Y Edwin pues cuidaba muchísimo su dinero y por eso logró ahorrar.

Edwin: Y luego, cuando ya tenía un cúmulo importante, lo depositaba en inversiones. El 80% estaba en bonos del gobierno.

Daniel: Realmente no es el perfil que uno se espera de un inversionista, o sea…

Luis: No, pero le fue súper bien. En el caso de Edwin, lo que había comenzado con una serie de inversiones mínimas se convirtió en un fondo de cientos de miles de dólares.

Daniel: No, no lo puedo creer, hombre. O sea, ¿con tres mil dólares se hace una fortuna de cientos de miles?

Luis: Pues sí, y fue una combinación de dos cosas. Por un lado, Edwin invirtió cada centavo que ganaba. Y por el otro, los bonos de Puerto Rico dan un interés mucho más alto que la mayoría de los bonos en el mercado de Estados Unidos. Entonces, claro, sus inversiones…

Edwin: Sí fueron creciendo y creciendo sustancialmente.

Luis: Más adelante su plata se multiplicó cuando heredó los bonos de su papá. Su papá había sido un profesor universitario, de economía, obviamente, y llevaba toda la vida invirtiendo en bonos de Puerto Rico. Y le había ido excepcionalmente bien. Ya no se trataba de cientos de miles de dólares, sino de mucho, mucho más.

Edwin: Así que ya mi cartera ya pasaba de ser una cuenta interesante a ser una cuenta muy importante.

Luis: ¿Nos puedes dar una idea de cuánto dinero tenías invertido en todo esto?

Edwin: Eh… aproximadamente ya tendría casi dos millones de dólares.

Luis: Wow.

Edwin: Así que… ya tú sabes.

Daniel: ¡Como si se hubiera ganado la lotería!

Luis: Pues imagínate: de 10 mil dólares a dos millones.

Daniel: Eres un VIP.

Luis: ¡Sí! Y así fue como lo empezaron a tratar en el banco.

Edwin: La persona que tiene este nivel no va a un banco regular.

Luis: Háblame de eso, porque yo nunca jamás estaré a ese nivel y quiero saber cómo es cuando tú estás a ese nivel preferencial de cliente de banca de inversión.

Edwin: Pues mira, es bien interesante y es muy cómodo. Por ejemplo, tú llamas a tu banquera personal, que te resuelve todas tus cosas. Tú dices: “Yo necesito tal cosa”. “Ah, perfecto”. Al otro día te llaman: “Ya está todo listo, Batista”. Es como que el golden dream de mucha gente.

Daniel: ¿Cómo es que estos bonos se hicieron tan populares? O sea, ¿el gobierno los vendía, los promocionaba?

Luis: Pues no los mercadeaban directamente. Jorge Irizarry, el exdirector del banco nacional que te mencioné, pues él me explicó que el banco del gobierno no le vendía los bonos directamente a personas comunes y corrientes como Edwin. De eso se ocupaban los socios del gobierno, es decir, los bancos. Tanto los locales como los internacionales…

Jorge: Que UBS lo hace en Puerto Rico. Y banco Santander y Banco Popular.

Luis: Y esos no eran los únicos porque, como decimos acá, las casas de corretaje de Wall Street y los bancos de inversión también estaban involucradas en todo esto.

Jorge: Por decir Goldman Sacks, por decir Morgan Stanley, Citigroup, you name it. Todos ellos…

Luis: Son instituciones muy poderosas en el mundo financiero. Y bueno, como Puerto Rico es parte de los Estados Unidos, pues ellos vieron un terreno fértil para operar acá.

Jorge: Entonces ellos son el vendedor, por decir así. Yo le entrego mis bonos a eso y ellos van y los venden en el mercado: eso es lo que hacen.

Daniel: Ah, ok. Entonces son como los intermediarios entre el gobierno y el comprador.

Luis: Eso. Y bueno, entonces tenemos un boom económico y financiero gigantesco. Las fábricas a toda máquina gracias a la 936. Infraestructura financiada por bonos que no pagaban impuestos. Mucho dinero moviéndose por toda la isla. Todo estaba perfecto.

Daniel: Hasta…

Luis: Pues… hasta lo que va a pasar ahora en la siguiente parte de la historia.

Daniel: Ya volvemos.

—MIDROLL—

Daniel: Soy Daniel Alarcón. Están escuchando a Radio Ambulante.

Luis: Y yo soy Luis Trelles.

Daniel: Antes de la pausa, Luis me estaba contando sobre la deuda de Puerto Rico. Y pues estaba comenzando a sonarme como una burbuja.

Luis: Pero no de las que se revientan, sino de las que se desinflan lentamente. Porque no fue una cosa dramática; no sucedió de la noche a la mañana. Tomó más de una década.

Y hasta diría que mucha gente no se dio cuenta de lo que estaba pasando hasta que fue demasiado tarde. Tienes que recordar, Daniel, que al final del día toda esta riqueza estaba circulando en la isla gracias al número ese mágico que ya hemos mencionado varias veces.

Daniel: 936.

Luis: Sí. Eso era lo que le daba solidez al sistema financiero porque todas esas farmacéuticas mantenían a la economía en crecimiento. Pero llegó el momento en que el Congreso de los Estados Unidos se cansó de tener a su propio paraíso fiscal en medio del Caribe. Porque recuerda: cada una de esas farmacéuticas que venían a construir fábricas en Puerto Rico se llevaban trabajos de estados como New Jersey. Entonces en 1996 decidieron cerrar la 936.

Daniel: ¿Y entonces ahí acaba la película?

Luis: No, porque no fue de un día para otro. El Congreso dio un periodo de 10 años para que se terminara por completo. Y bueno, ya para el 2006, las farmacéuticas tenían que pagar impuestos federales y, como te puedes imaginar, Puerto Rico ya no se veía como un lugar tan atractivo para venir a construir una fábrica.

¿Te acuerdas de Teresa García?

Daniel: Claro, la química.

Luis: Pues ella fue una de las afectadas por el decreto que acabó con la 936. Apenas anuncian eso…

Teresa: Entonces lo que hicieron las farmacéuticas grandes fue mover los headquarters a Europa. A Francia, a Irlanda, por allá.

Luis: En total, en una década, Puerto Rico perdió unos 50 mil empleos como los de Teresa. Buenos empleos, Daniel, con buena paga, estables. Todos ellos se desvanecieron.

Daniel: ¿Y Teresa qué hizo?

Luis: Pues se podría decir que ella fue una de las afortunadas porque Teresa vio a tiempo lo que iba a suceder.

Teresa: No es fácil. Nosotros sabíamos que iban a comenzar a haber olas de despidos. Que eventualmente mucha de la gente se iba a tener que ir.

Luis: Entonces Teresa decidió no esperar a que la farmacéutica en la que trabajaba se fuera. En el 2005 pudo jubilarse y la farmacéutica le dio una compensación de 150 mil dólares.

Daniel: Generosa.

Luis: Sí, bastante. Teresa quería poner ese dinero a rendirle una mensualidad cómoda, sobre todo en ese momento que estaba dejando de trabajar, porque en esa época tenía 60 años.

Teresa: Mi esposo pues comenzó a orientarse con corredores de casas de corretaje, y a ver cuáles eran las mejores inversiones.

Daniel: Oh, no.

Luis: Sí. Aquí es donde la historia de Teresa comienza a chocar de frente con la historia de la deuda del gobierno.

Teresa: Y en el momento que tomé la decisión pues decidimos hacer la inversión que hicimos…

Luis: … En bonos de Puerto Rico…

Todo esto estaba pasando a mediados de la década pasada. Cuando Teresa empezó a invertir, nadie se imaginaba que el gobierno de Puerto Rico iba a fallarle a sus bonistas. Al revés: invertir en Puerto Rico era hasta patriótico.

Teresa: Y de una vez estaba ayudando a mi país, para construir escuelas, carreteras.

Luis: Esa motivación, la de ayudar al país a seguir desarrollándose, eso fue algo que escuché de varios inversionistas. Edwin Batista me dijo algo similar:

Edwin: Y el mismo banco, el broker, me decía “es para el país, para construir al país”. Y yo “pues dale, vamos a meterle mano al país”. Y me sentía que estaba aportando de cierta manera a que el país funcionara.

Luis: Pero invertir en Puerto Rico se estaba convirtiendo en una propuesta cada vez más riesgosa. La 936 se terminó finalmente en el 2006 y el gobierno no tenía una alternativa para sustituirla. Puerto Rico se había quedado sin ese número mágico que hacía que su economía creciera con fábricas y empleos bien pagados. Para compensar, el gobierno invertía más dinero en el sistema de educación, en salud y en programas anti-pobreza, pero cada vez había menos gente empleada en la empresa privada. Y esto es una ecuación terrible porque eso significa que hay menos contribuyentes que puedan sostener el gasto del gobierno.

En otras palabras, el gasto público seguía creciendo y la economía no. Y por eso las finanzas del gobierno estaban cada vez peor.

Jorge: Y si ves en todos esos años, del 2000 hasta el 2014, el gasto del gobierno es mayor que el ingreso del gobierno.

Luis: En junio, cuando fui a visitar a Jorge Irizarry, el ex banquero del gobierno, a su oficina, ya me tenía preparadas varias gráficas en la computadora. En la pantalla se veía la diferencia entre ingresos y gastos durante los últimos 15 años. Y de todas las gráficas que vi –y habían varias– la que más me llamó la atención mostraba una línea roja que se disparaba hacia arriba, año tras año.

Jorge: La línea roja es el nivel de gasto actual. Y aquí dice: “El déficit acumulado entre el 2000 y el 2013 era 23 mil 500 millones”. Entonces, no es una práctica sostenible para nadie…

Luis: O sea, como sacar una hipoteca para pagar la cuenta de la electricidad.

Jorge: Exacto.

Luis: Y para cubrir ese déficit, el gobierno utilizó el último recurso que le quedaba: los bonos. Pero con un cambio importante. Ya no se utilizaban solamente para hacer obra pública, sino para cubrir gastos comunes y corrientes del gobierno. El gobierno se estaba endeudando para pagar salarios y otros gastos recurrentes.

Daniel: O sea, el tipo de cosas que uno nunca debería pagar con un préstamo.

Luis: Exactamente. Y todo esto era súper conveniente para los bancos, porque con cada nueva emisión de bonos, ellos salían ganando. Rubén Rodríguez me explicó que muchos de sus colegas en la industria…

Rubén: Se enfocan en “si yo vendo esto, ¿cuánto me gano?”.

Luis: Y la respuesta es que se ganaba bastante.

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