Part 4
B: ¡Vaya tiempos!. ¿Te acuerdas de Ernesto que siempre que había que pagar justo se iba al baño?
A: ¡Ja, ja, ja!. ¡Sí, y siempre se olvidaba la cartera!. ¡Eh! que al final no te he preguntado lo que quería preguntarte
B: Venga Albert... ¡dispara!
A: Pues quería preguntarte si sigues colaborando con el Servicio Secreto. Porque necesito pasta e igual me interesaría que me contrataran para hacer algún trabajo puntual, ¿sabes? como antes.
B: Pues no, pero puedo darte el teléfono de Candela, que sigue allí.
A: Mira pues sí, me lo das y le doy un toque. A ver si me cae algún trabajillo extra, que con la crisis...
B: ¿Sigues con eso? Pensaba que después de coleccionar cromos de futbol, plantas carnívoras y perros pequineses ya se te había pasado ese afán coleccionista.
A: ¡Qué va! La cosa fue de mal en peor, empecé con los cromos, hasta llegar a los coches... pero ahora además colecciono idiomas extranjeros
B: ¿Pero qué dices? Eso es difícil de intercambiar con otros coleccionistas, ¿no?
A: Sí, sí es un coleccionismo algo individualista. De momento ya sé 18 idiomas. El último en el que estoy trabajando es el nepalí.
B: Nepalí... ¡tú sí que sabes! ¡Es el idioma de moda! ¡El idioma del futuro!
A: ¡Es que tengo un ojo! Bueno, ¿y qué tal la familia? ¿Tu hermano sigue en el templo Budista ese?
B: Que va, al parecer fue al templo un maestro zen cocinero para dar un curso y se enamoraron. Han abierto un restaurante zen vegetariano por la zona de Malasaña.
A: Ah mira, tenemos que ir un día. Nunca he probado la cocina zen.