Esa noche, en su habitación, Alba abrió el tarro de cristal con cuidado. La risa de Bruno salió del tarro y entró en ella como si fuera aire fresco. De repente, Alba empezó a recordar la historia de Bruno con todos sus detalles. Sintió unas ganas irresistibles de contarla en voz alta.
Se rió sola en su cuarto, algo que casi nunca hacía. Pensó que aquello parecía magia.