Los fines de semana, Mateo volvió a jugar con su hermana Lucía, como hacían antes de todo lo ocurrido con el libro mágico. Una tarde, incluso le leyó en voz alta un capítulo del libro de aventuras. Lucía escuchó con mucha atención, sorprendida de que a su hermano ahora le gustara tanto leer. Los dos se rieron juntos con las partes más divertidas de la historia.