- Hola, le traigo su compra.
- ¿Ves como tú eras el encargado de traer la compra?
- Bueno, yo no era el encargado, pero mi encargado me ha pedido que, como es usted una clienta, parece ser que especial, pues me ha tocado a mí traerle la compra.
- ¿Y le ha costado mucho dinero?
- Me ha costado 24,40 euros. ¿Me puede pagar, por favor?
- ¡Uy, qué caro! Yo no vuelvo a este supermercado. Dígale a su encargado que baje el precio, que esto es muy caro y que le ha costado muy cara la compra. Una ensalada y un salmón, pues sí que le ha salido cara la cena.
- Pero si se ha llevado un salmón de dos kilos y medio.
- ¡Uy, eso pesaba antes de quitarle la piel y la cabeza! Ahora pesa menos.
Ya, pero es que cuando compra pescado siempre va igual, se pesa entero. No, perdone, el pescado es el pescado. Y listo. O es que a usted le cortan la cabeza cuando se va a medir lo que mide de alto y lo que pesa.
- Ya, pero yo no soy un pescado. Yo solo trabajo en un súper poniendo cosas en las estanterías y hoy he hecho viajes, ir y volver, estoy cansado.
- Pues tiene un poquito de cara de pescado amargado hoy, ¿eh?
- No me extraña, hoy me ha dado usted el día.
- Bueno, pues lo siento. Gracias por traerme la compra. Le invitaría a cenar, pero lo veo cansado. Otro día sí esto ya viene. Buenas noches.