Por fin llegaron a la casa de la bruja, al final de un camino de tierra entre árboles altos. La casa era pequeña, con la madera vieja y las ventanas oscuras. No había ninguna luz encendida y todo parecía tranquilo. Leo dijo que la bruja normalmente salía por las tardes para buscar plantas en el bosque.
Clara respiró profundamente y empujó la puerta, que no estaba cerrada con llave. Dentro olía a hierbas secas y a humo antiguo. Los dos entraron despacio, buscando el libro mágico que podía cambiar la vida de Leo para siempre.