032 - El séptimo color
El séptimo color - Así cuentan las abuelas Cashinahuas la historia del arcoiris.
NARRADORA
Era una joven tan hermosa que todos se enamoraban de ella.
Se llamaba Yasá
y amaba solamente a Tupá,
el hijo del Dios supremo de los Cashinahuas de Brasil.
El demonio Anangá también
estaba enamorado de Yasá.
Entonces, decidió robársela.
Para lograr su maligno propósito,
se apareció un día ante la madre de la doncella.
DEMONIO
Si tú impides la boda de Yasá y Tupá,
y haces que tu hija se case conmigo,
yo te daré abundante caza
y pesca durante toda tu vida.
NARRADORA
La ambiciosa madre
inmediatamente accedió al pedido del demonio Anangá.
No tendría que preocuparse
por conseguir alimento nunca más.
MADRE
Hija, te prohíbo que vuelvas a ver a Tupá.
Te casarás con Anangá...
¡Ya he puesto fecha para tu matrimonio!
NARRADORA
Yasá se sintió desfallecer.
Sabía que al casarse con el demonio Anangá
tendría que ir a vivir al infierno,
en el centro de la tierra.
YASÁ
Demonio Anangá,
ya que jamás volveré al cielo
donde vive mi amado,
te pido que, antes de casarme,
me dejes ir a visitarlo por última vez.
NARRADORA
El demonio decidió complacer a Yasá,
pero le impuso una condición.
DEMONIO
Ve a despedirte de él.
Pero te harás una herida en el brazo
para que las gotas de tu sangre marquen el camino
que te lleva al cielo.
Así podré seguirte.
NARRADORA
Conforme a lo prometido
y poco antes de la boda,
Yasá partió a visitar a Tupá.
Se había herido el brazo
y, a medida que avanzaba,
las gotas de sangre iban
formando un arco rojo en el cielo.
Tupá era muy poderoso.
Ordenó al sol, al cielo y al mar
que acompañaran a Yasá en su camino.
Para confundir al demonio Anangá,
el sol trazó un arco amarillo junto al rojo.
El cielo dibujó un arco azul claro
y el mar formó un arco azul oscuro.
La sangre de Yasá se mezcló primero
con la franja amarilla del sol
y se formó otro arco anaranjado.
Después, al mezclarse con el arco azul celeste,
dibujó uno color violeta.
El firmamento se vistió con sus mejores galas,
un traje de seis colores:
rojo, azul, amarillo, celeste, naranja y violeta.
Pero Yasá no logró llegar al cielo
ni ver a su amado Tupá.
La pérdida de sangre la debilitó.
La joven cayó lentamente sobre la playa
donde murió bañada por las olas del mar
y los rayos del sol.
No se casó
ni se fue al infierno con Anangá.
Cuentan los abuelos Cashinahuas
que del cuerpo de Yasá subió hasta el cielo,
para unirse a los demás arcos,
uno verde, el de su esperanza.
El séptimo color del arcoiris.