Durante dos días, Clara no supo cómo ni cuándo contarle a Diego lo que había descubierto. Finalmente, la noche de la fiesta de cierre de la cosecha, con el vino nuevo ya embotellado y todo el trabajo del verano por fin terminado, decidió que ya no podía seguir callando la verdad completa.
CLARA: "Diego, necesito contarte algo sobre el accidente de tu padre. Es peor de lo que ambos pensábamos."
DIEGO: "¿Qué quieres decir?"
CLARA: "Pues mi padre sabía que la máquina estaba rota. La culpa fue suya, no de tu padre. Y aun así dejó que despidieran a tu padre para proteger su propio nombre."
El silencio que siguió a aquellas palabras pesó mucho más que cualquier grito.