El pueblo entero empezó a hablar sin parar del espejo misterioso. Algunos vecinos decían que el espejo estaba maldito. Otros pensaban que era simplemente un truco de la tienda para atraer a los clientes. En medio de aquel revuelo, una anciana llamada doña Rosa, que casi nunca salía de su casa, se acercó también a la tienda, atraída por los comentarios de sus vecinos sobre el extraño espejo