Al día siguiente, Sofía buscó a Carla antes de entrar en clase y le pidió disculpas de corazón. Le explicó lo mal que se sentía por haberle robado tantas noches de sueños y lo preocupada que estaba también por su abuela. Carla, todavía dolida, pero preocupada también por la situación y por la abuela de Sofía, decidió ayudarla. Le dijo que quizás la solución no estaba en devolver los sueños, sino en dejar de atraparlos para siempre