Al día siguiente, en el colegio, Alba se dio cuenta de que podía ver algo especial cuando alguien se reía. Pequeñas burbujas de colores salían de la boca de las personas y flotaban en el aire durante unos segundos. Sin pensarlo, sacó uno de los tarros de cristal vacíos de su mochila. Atrapó una burbuja de risa que salía de Bruno mientras contaba una de sus historias graciosas.