Una tarde, mientras jugaba sola en el jardín de su casa, Alba encontró una caja vieja debajo de unos árboles. Dentro había varios tarros de cristal pequeños cubiertos de polvo. Al abrir uno de los tarros de cristal, escuchó algo muy extraño. Una risa suave salió del tarro y voló por el aire hasta desaparecer cerca de su oreja.
De repente, Alba sintió unas ganas enormes de reír, algo que casi nunca le pasaba.