En los días siguientes, Tomás observó con una tristeza serena cómo su jardín se marchitaba completamente. Aceptó aquel proceso como parte natural de un ciclo que había intentado egoístamente evitar durante demasiado tiempo. Al mismo tiempo, empezaron a llegar noticias mucho más alentadoras desde toda la región. El frío anómalo comenzaba a retirarse gradualmente.
Los agricultores, aunque habían perdido gran parte de sus cosechas de aquel año, empezaban a recuperar la esperanza. Esperaban que la próxima primavera trajera finalmente condiciones normales para sembrar de nuevo sus campos con seguridad.