Los ancianos, aunque conocían fragmentos dispersos de la historia original de Nadia, no poseían toda la información necesaria para ayudar completamente a Elisa. Así que, esta decidió finalmente dirigirse ella misma, directamente, hacia el río para hablar cara a cara con el espíritu, tal como había hecho su madre generaciones atrás. Armada de valentía, aunque también de una firme determinación por cuestionar las condiciones del pacto original, Elisa se adentró en las aguas del río durante la noche. Estaba dispuesta a exigir respuestas claras antes de aceptar sin más ningún sacrificio adicional impuesto sobre su familia.