Carmen entró al café y fue directamente a la barra. Miguel la vio llegar y, antes de que Carmen dijera nada, ya estaba buscando debajo de la barra. «La llave», dijo Carmen. «La llave», confirmó Miguel, y la puso encima de la barra.
Carmen la cogió con las dos manos y respiró. Miró a Miguel. «Gracias, no sé qué haría sin ti». Miguel sonrió.
«Para eso estamos, doña Carmen». Carmen guardó la llave en el bolsillo interior del abrigo y salió. Al pasar junto a la ventana, vio a un chico joven que la miraba desde una mesa con un cuaderno abierto. Tenía cara de escritor.
Carmen pensó: «Espero que escriba algo bueno», y siguió caminando.