Luna sigue las huellas, con mucho cuidado. No quiere perderlas. Caminan entre los árboles, cruzan un pequeño arroyo y llegan hasta una roca enorme cubierta de musgo. Allí, las huellas desaparecen y Luna mira alrededor.
Varias veces. No ve ningún animal, pero escucha un sonido muy suave, parecido a una campanilla. El bosque vuelve a quedarse completamente en silencio.