Cuando Vidal volvió a Burdeos, el comisario Fuentes la estaba esperando en su despacho. Alguien le había contado lo del viaje. Ha investigado en otro país sin permiso. Ha usado una identidad falsa y se ha llevado a un agente con usted.
Lo de Castillo fue idea mía. Él no sabía nada. Castillo ya me ha dicho que fue idea de los dos. Vidal miró por la ventana.
Castillo, en su mesa, hacía como si no escuchaba. Fuentes la suspendió una semana sin sueldo. Le pidió la placa y el arma. Aquella noche, Vidal llegó a casa y no supo qué hacer con su vida.
No tenía casos, no tenía horarios. Ordenó la cocina, ordenó los armarios y a las once ya no le quedaba nada que ordenar. Por primera vez en muchos años, se sintió muy sola