Silvia estaba leyendo el diario de su tía Rosario. En una página, Silvia encontró la fecha de aquel verano, cuando ella tenía seis años. Rosario lo escribió todo. Hoy he conocido a Silvia, la nieta de Dolores.
Ha venido con su madre solo un día, en secreto. Es una niña muy seria. Me ha dicho que cuando sea mayor quiere vivir al lado del mar, en una casa con ventanas azules. Silvia dejó de leer.
Miró las ventanas del salón. Eran azules. Rosario siguió escribiendo durante años. Escribió sobre su soledad y sobre su hermana.
Muchas veces quiso llamar a Dolores, pero nunca lo hizo. En la última página, la letra era más débil. Silvia, no repitas nuestro error. Una casa no vale más que una familia