La primera cena con los suegros. Pablo llevaba dos años saliendo con Marta. Pero aquella iba a ser la primera vez que cenaba en casa de sus padres. Así que se había pasado la tarde entera dándole vueltas a qué ropa ponerse y qué llevar de regalo.
Temía que cualquier detalle pudiera causar una mala impresión. Marta le había advertido de que su padre era un hombre de pocas palabras. Le dijo que no debía interpretar su silencio como un rechazo. Nada más llegar, sin embargo, Pablo cometió el error de servirse vino antes de que el padre de Marta hubiera brindado.
Algo que en aquella familia se consideraba de mala educación. Se dio cuenta enseguida por la mirada que intercambiaron los padres. Aunque nadie dijo nada al respecto. Avergonzado, intentó compensarlo elogiando la comida con tanto entusiasmo que la madre de Marta terminó riéndose.
Comentó que hacía tiempo que nadie alababa tanto sus lentejas. Para cuando llegó el postre, el padre de Marta, que apenas había hablado durante toda la cena, le preguntó a Pablo por su trabajo. Lo hizo con un interés que le pilló totalmente desprevenido. Charlaron durante casi una hora sobre fútbol y sobre la crisis del sector inmobiliario.
Marta, que había estado conteniendo la respiración toda la noche, le confesó después en el coche que hacía años que no veía a su padre tan hablador con nadie.