Con las tres promesas ya completamente activas, Iván comenzó a sentir el peso combinado de todas ellas tirando simultáneamente de su vida en direcciones distintas. Debía estar disponible para su amigo siempre que lo necesitara. También debía mantener el jardín de la anciana fallecida en perfectas condiciones indefinidamente. Ahora, también tenía que cuidar activamente de su sobrino en caso de que algo le ocurriera a su hermana.
Durante varias semanas, intentó gestionar por separado cada una de aquellas obligaciones. Se sintió cada vez más agotado y fragmentado entre tantas responsabilidades simultáneas que parecían competir constantemente por su tiempo y su energía limitada.