Al principio, Hugo se sintió un poco engañado. Incluso casi se enfadó un poco con su abuelo al descubrir que todo aquel valor especial había salido siempre de él mismo y no de un objeto mágico. Sin embargo, después de pensarlo un rato, entendió que aquello también significaba algo bueno. Si la valentía era suya de verdad, entonces no la había perdido junto con el amuleto en el patio del colegio