Mientras tanto, Sofía y Carla empezaron a inventar juntas historias fantásticas durante el día, despiertas, sin necesidad de ninguna atrapasueños. Se sentaban en el patio del colegio y se turnaban para imaginar aventuras de dragones, viajes y bosques mágicos, riendo mucho con cada nueva idea. Carla descubrió que también le gustaba inventar historias, no solo soñarlas por la noche