Mientras tanto, la abuela de Sofía empeoraba cada día un poco más. Casi no salía de la cama por las mañanas y hablaba muy poco durante las comidas familiares. Los padres de Sofía, preocupados, empezaron a hablar de pedir cita con el médico, sin saber que el verdadero problema no tenía ninguna explicación médica normal, sino que el motivo era un atrapasueños escondido en una habitación infantil.