El niño que comía libros. Mateo vivía en un pueblo pequeño y odiaba leer. Cada vez que su madre le daba un libro, él ponía mala cara. Él lo dejaba encima de la mesa sin abrirlo.
Su madre le decía muchas veces que algún día iba a cambiar de opinión. Pero Mateo no la creía. Prefería salir corriendo a jugar al fútbol con sus amigos. Esto era mejor que pasar una tarde más leyendo algo que le parecía aburrido y lleno de letras sin sentido.