Alarmado por aquel descubrimiento, Iván se propuso ser mucho más cuidadoso con sus palabras a partir de ese momento. Sin embargo, no logró evitar por completo hacer una segunda promesa importante poco después. Una anciana vecina, gravemente enferma y sin familia cercana que la ayudara, le pidió con voz temblorosa que cuidara de su jardín para siempre, una vez que ella hubiera fallecido. Conmovido por la situación de la anciana, Iván aceptó la petición sin medir completamente las implicaciones a largo plazo de una promesa tan amplia y permanente.
Esto activó, sin saberlo todavía con certeza, la segunda de las tres promesas vinculantes que el anillo era capaz de conceder.