Días después de encontrar el anillo, Iván se encontró conversando con un amigo cercano que atravesaba un momento difícil tras perder su empleo. Le dijo, casi por cortesía, la frase que tantas veces había repetido sin pensar demasiado en su significado real: «No te preocupes, te ayudaré siempre que lo necesites». En el momento exacto en que pronunció aquellas palabras, sintió que el anillo se ajustaba ligeramente en su dedo, como si hubiera cobrado vida propia por un instante. Aunque en aquel momento no le dio ninguna importancia particular a aquella sensación tan extraña y pasajera.