El sábado por la mañana, Luna pasea con su abuelo por un bosque muy tranquilo. Mientras el abuelo recoge setas, Luna observa los árboles, las flores y los pájaros. De repente, ve unas huellas muy extrañas sobre la tierra húmeda. No parecen huellas de perro, ni de caballo, ni de ningún animal que ella conozca.
Son pequeñas, redondeadas y brillan un poco bajo el sol.