Carlos y la bicicleta. La bicicleta azul de Carlos no destacaba por su velocidad ni por su diseño. De hecho, era bastante antigua. La pintura estaba desgastada en varios lugares y los frenos hacían un ruido extraño cada vez que bajaba una cuesta.
Sin embargo, Carlos la apreciaba más que cualquier bicicleta nueva que hubiera visto en las tiendas. Había pertenecido a su abuelo. Cuando éste decidió dejar de utilizarla, se la regaló junto con una frase que Carlos todavía recordaba. «Las mejores cosas no siempre son las más modernas».
Durante años utilizó aquella bicicleta para recorrer el barrio, ir al parque y visitar a sus amigos. Una tarde vio a un niño sentado junto al circuito para ciclistas. Observaba a los demás con evidente interés. Carlos pasó varias veces por delante de él antes de decidir acercarse.